Ya sea porque decidiste ponerte las pilas en la dieta o porque tu salud requiere que le pongas atención al consumo de azúcares, quizás escuchaste de la fruta del monje o monk fruit. Este edulcorante se ha colocado entre los favoritos por su gran poder endulzante y su ausencia de calorías.

Es correcto. Así como el eritritol y el xilitol, este sustituto de azúcar no contiene carbohidratos y su peculiar sabor lo obtiene de otras sustancias completamente naturales. Se trata de una fruta redonda y color marrón cuya pulpa es dulce por la presencia de un poderoso antioxidante.

Aunque esta fruta tiene una historia milenaria en las culturas de China y Tailandia, no había sido legal su comercialización como edulcorante porque no había estudios suficientes que probaran que fuera saludable para sustituir a las azúcares regulares.

Sin embargo, la búsqueda por alternativas que fomenten una mejor calidad de vida partiendo de la alimentación hizo que los ojos de la investigación se voltearan a este místico producto que hoy es de los más socorridos para completar dietas cetogénicas e incluso alegrar la vida de personas que padecen diabetes.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) cataloga y estudia todos los edulcorantes con la intención de brindar seguridad a los consumidores. En el caso del monk fruit, su extracto fue avalado como inocuo en 2010.

Resulta que este ingrediente no obtiene sus características notas dulces por los azúcares, como sucede con la mayoría de las frutas. Lo que sucede es que contiene un antioxidante llamado mogrósido que, además de desempeñar sus funciones regulares contra el envejecimiento de las células, aporta sabor a la pulpa.

La magia de este compuesto es que no se absorbe en el aparato digestivo, por lo que no es metabolizado y no aporta calorías al cuerpo humano.

Animal Gourmet

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