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VALLE DE GUADALUPE EN BAJA: VINOS, HOTELES, MUSEOS Y RESTAURANTES

Una guía completa del Valle de Guadalupe en Baja: dónde dormir, dónde comer, qué vinos beber. Una experiencia alucinante para viajeros gourmet.

Aquí te presentamos algunas de tales vinícolas, además del Museo del Vino y un puñado de sitios para comer. La visita a estos lugares y la degustación de sus vinos permitirán al lector entender por qué muchos bajacalifornianos ya llaman a este lugar simplemente “El Valle”: es el valle encantador, productivo y sabroso por antonomasia. Y también convencerán al viajero de que en nuestro México Desconocido hay muchos, muchísimos valles hermosos, pero ninguno que se compare con Valle de Guadalupe en Baja.

 

Adobe Guadalupe

Es una vinícola preciosa y, definitivamente, todo un clásico de Valle de Guadalupe en Baja. Su edificio, que con sus muros blancos, sus techos de teja y su patio central con arcadas semeja una vieja hacienda mexicana (aunque fue diseñado por el célebre arquitecto iraní Neil Haghighat), y sus esculturas metálicas de los caballos y del arcángel junto a los viñedos de la casa, han sido tan repetidamente fotografiados que ya se han convertido en los mejores símbolos del valle.

Pero también es un clásico, porque fue una de las bodegas pioneras en el enoturismo: sí, el vino local es excelente, pero se disfruta mejor en un hotel elegante y cómodo, flanqueado por verdes jardines, con una tina de jacuzzi mirando al viñedo y teniendo al lado un restaurante muy bien atendido.

Adobe Guadalupe fue el proyecto de Donald y Tru Miller (él, estadounidense, y ella, holandesa), iniciado desde la última década del siglo XX. Fue en el 2000 que levantaron su primera cosecha. Y muy pronto sus vinos se volvieron referencia obligada en el panorama de la enología mexicana.

 

 

Barón Balch’é

En 1997 Juan Ríos adquirió 32 hectáreas de un viejo viñedo familiar en el Valle de Guadalupe en Baja y se dispuso a regenerarlo con la idea de elaborar vino casero. Al paso de los años lo pensó mejor y se decidió a vender su producción. A principios de siglo construyó su cava, amplió los viñedos y comenzó a comercializar sus caldos.

Para el 2008 comenzó a vender los vinos Premium, como el Balch’é Cero (Nebbiolo) o Balch’é Tres (Merlot), que desde entonces se han ubicado entre los vinos más caros de México. Actualmente ya produce más de 20,000 cajas anuales de 18 etiquetas diferentes: 14 tintos, tres blancos y un clarete. El enólogo a cargo desde el año 2014 es Óscar Delgado Rodríguez.

El nombre de esta casa hace referencia a la cultura maya, pues el balch’é no es otra cosa que un árbol cuyos frutos eran fermentados para deleite de ciertos dignatarios. Además de visitar ahora la bodega misma, el visitante puede también comer en el restaurante Tahal. Se espera que en un futuro próximo esta vinícola cuente también con servicio de hospedaje.

 

 

Bruma

Es uno de los conjuntos más innovadores del Valle en cuanto a estilo arquitectónico y, desde luego, un lugar para disfrutar con los cinco sentidos. Visualmente es un lugar que atrapa. La vinícola aparece precedida por una rampa, que es como la ladera del cerro. Arriba está el tronco seco de un encino de 300 años que se levanta sobre un espejo de agua.

Luego uno baja y entra a la inesperada cava octagonal. A un lado están las elegantes villas con muros y techos de color arena, frente a un pequeño lago. Más allá, se encuentra Casa 8, un lindo bed & breakfast, con sus habitaciones como camufladas entre las rocas. Al otro lado, está el restaurante Fauna con una terraza medio protegida por piedras y olivos. Hacia abajo se extiende el mar de viñedos y hacia atrás se yerguen los cerros de la orilla del valle.

El arquitecto, Alejandro D’Acosta, quiso integrar la construcción al aspecto del valle y lo logró. Pero lo más sorprendente es que gran parte de todo este despliegue de lujo se construyó con basura cercana. Las vigas están hechas de coches de desecho de Mexicali. La madera que cubre muros y pasillos son pedazos, todos iguales, que provienen de puentes desmontados de Estados Unidos.

Y los pequeños cristales redondos que cuelan la luz ambiente no son otra cosa que los desechos de la fábrica de lentes de la empresa Augen de Ensenada. El propósito ambientalista no acaba ahí. El lago de las villas es parte del sistema de tratamiento de aguas, y el espejo de agua que está bajo el encino refrigera naturalmente la cava sobre la cual se encuentra. Cada detalle resulta revelador.

Este proyecto lo lanzó un grupo de ocho amigos encabezado por el empresario Juan Pablo Arroyuelo. Comenzó a tomar forma hacia 2012 y poco a poco ha ido añadiendo nuevas áreas. Fauna, por ejemplo, apenas abrió en 2017 y en el segundo semestre de 2018 se espera que entre en operación un nuevo bar.

El conjunto y la vinícola llevan por nombre Bruma. Los vinos están a cargo de Lourdes Martínez Ojeda, una destacada enóloga bajacaliforniana con más de 13 años de experiencia en bodegas Grand Cru de Francia. Por ahora los elaboran cuatro etiquetas: tres de ellas bajo el nombre de Bruma Ocho (un tinto, un rosado y un Chardonnay) y otra más llamada Bruma Plan B.

 

Fuente: México Desconocido

 

 

 

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